LA ELECCION DE LA RAZA PARA DEFENSA
Este punto es algo puramente subjetivo y que debe ser asumido por el
futuro propietario. Las inclinaciones estéticas y afectivas son
fundamentales, si bien, conviene tener en cuenta la disponibilidad
de espacio, la posibilidad de satisfacer la necesidad de cada raza
en cuanto a ejercicio, alimentación, higiene, etc.
Supuestos resueltos los impedimentos o condicionantes materiales,
siempre habremos de elegir un ejemplar y no una raza. Es evidente la
homogeneidad de características físicas y psicológicas que
determinadas razas suelen presentar, pero en ese contexto general
existen individuos muy diferentes. Es clásica la general aversión al
dóberman por haber sido exagerada la leyenda negra de la raza, así
como la simpatía por el pastor alemán. Estas actitudes son erróneas
pues tan bueno o tan malo puede resultar cualquiera de ellos como un
bóxer, un gran danés o un airedale terrier, y es lógico insistir en
la actitud personal de cada ejemplar, lo que los adiestradores
llaman el carácter. Puede comprobarse que las ilustraciones de este
capítulo ha sido preferentemente dedicadas a demostrar la perfección
en el adiestramiento del dóberman. Más que a una pura inclinación
personal, la justificación gráfica de la existencia de ejemplares
como el inmortalizado en las imágenes se debe un mínimo sentido de
equidad en cuanto a la condiciones de determinados perros de
guardaría y defensa.
Hay que señalar que cualquier animal de más de 30 kg. de peso y con
las mandíbulas de los canes de defensa típicos puede acabar con la
vida de una persona, por lo cual, es necesario educar estos perros
en una férrea disciplina y no tolera que algunos desaprensivos
puedan convertirla en peligrosas fieras. El perro de guardería,
atado permanentemente, salvo escasos momentos, no es un animal
representativo de su especie; se le ha convertido en un auténtico
neurótico que ni tiene nada que ver con lo más bello y lo más noble
de estos preciosos y entrañables animales.